tan invisible
como sombra
estalla
Dominga Anunciada
se llamaba
y nadie le
decía por su nombre
de vez en cuando
yo iba a su casa
el 182 era rojo y blanco
había que esperarlo en la ruta
nos sentábamos
cerca de la puerta
me dormía
con el sol en la cara
sobre la camisa floreada
de la abuela Negra
en el viaje pasaban vendedores
y ella siempre me compraba
libritos para pintar
-aunque yo ya leía-
y algún turrón
el departamento
tenía dos ambientes
con la puerta-ventana del balcón
siempre abierta
daba a un agujero gris
en su edificio no había ascensor
y las escaleras resultaban
eternas
tenía muchas plantas
que regaba
desde que llegábamos,
hasta que nos íbamos
fumaba
en el balcón
mientras tomaba mate
y me miraba jugar
con alguna cosa
tenía adornos de vidrio
un elefante lila
pintado en degradé
con unos australes enrollados
en la trompa
pero estaba prohibido tocarlo
me armaba un mostrador en el living
con tres banquitos redondos amarillos
me daba muchas ollas
y yo jugaba a Utilísima
la habitación
era una cama gigante
ella me acostaba en una punta
me tapaba
-a veces me hacía rezar-
me decía que me durmiera
porque sino iba a venir Bottini
el hombre que cobraba las expensas
a buscarme a mí
en forma de pago
yo me hacía la dormida
ella
seguía tomando mate con la luz de la cocina
encendida
y la radio muy bajita
como esperando algo
A unos metros respiraba el lago.
Mencionaste una gran decepción,
te supe cierto.
El envase decía rinde más.
No. Quiero dormir sola.
Lo empujé un poco.
Tenía interés en sacarme ropa.
Por supuesto:
esperar
alguna certeza,
también.
A pesar de todo me sonrió.
Desapareció como vapor
entre los arrayanes.
Yo perdí dos lágrimas en su despedida
y me largué.
no se si nos gustaba viajar o
sólo
dormir en camas ajenas
con sábanas desconocidas
Coloridas fluorescentes
ver esos otros mundos
Los perfumes de los destinos húmedos
El desafío de
Acomodarse
otros horarios,
otros tiempos
sabores diferentes
cada mañana
los rulos de otra manera
Comer raro
Bañarse raro
Cagar raro
y después
tus ojos.
ponele que nadie más que vos entonces. entonces hagamos así nadie más que vos. vamos y venimos todos los días, me subo al bondi, me mira un alguien. yo ando con el ipod así que puedo estar escuchando nick drake o ponele puedo estar escuchando la mega 98.3- y ahí me veo y ahí te ves en cada bondi, yendo y viniendo. es lindo charlar en los bondis. siempre es lindo charlar, al final.y nunca fui poeta.
por eso siempre algo anecdótico hay, como para que parezca que soy ególatra y no tímida al crear.
porque tal vez me da muchísima verguenza ser tan tímida, y entonces simulo lo contrario.
simulo siempre.
y yo
y desde la primera persona. y desde lo informal.
tengo una duda,
la veo a diario en el espejo
no sé
si tengo derecho
ya
a tantas preguntas
me miento diciendo que
eso fue
t u v i d a
y lo es
tuvieron que a b r i r t e
para que yo saliera
no me pudiste parir.
era -acaso- tu secreto
algo tan solamente tuyo
que casi no existía,
necesitarías esa marca,
esa cicatriz.
llegamos de madrugada
a la mesopotamia.
invierno.
un pueblo de carnaval.
en ese frío ritmo latente
bailaban
grises verdes opacos
en el aire
d e n s o,
húmedo viciado
un pueblo
cuatro calles
casitas bajas
tu apellido en todos lados
almacenes
puertas
carteles
no podía siquiera
pronunciar tu nombre
t o d o s sabían quién eras
desesperé
acaso era yo la única.
las sábanas tenían
colores fuertes
flores y tucanes
y a g u a r e t é s
los canales
eran
la mitad en portugués
estaba nublado
en la siesta
t o d o s e d e t u v o.
a las siete de la tarde
en La Cruz
la gente sale a la vereda
se notaba que éramos jóvenes y porteños
nos miraban
yo
miraba mujeres
de mi edad
y tenían hijos
a
u p a
y
colgados
de
las
piernas
-si sonreían no me acuerdo-
caminaban,
iban juntas
hacia alguna parte
La Cruz,
es un pueblo rural,
y yo me crié en la urbe,
tuve mamá
tuve papá
tuve hermana
tuve abuelos,
tuve juguetes
tuve libros
tuve amigos
tuve amor
pero nunca entendí
por qué
tenía ombligo,
a vos te debe pasar
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